A los antisociales también nos gustan los amigos.

Supongo que es básicamente eso, no te gusta la gente porque conoces a la gente, y si eres lo suficiente correcto, debes conocer a un gran número de gente, para que realmente puedas formular un juicio de valor, no vale conocer a un imbécil y ya descartar a toda la humanidad.

En mi caso, sé que soy bastante exigente, y hay cosas que no aguanto más que una vez, es que soy un poco tiquismiquis y lo de la traición es de esas cosas que no llevo bien.

Tuve una infancia en la que las amiguillas que me eché eran mala gente, y directamente en la adolescencia las descarté, me tocaron la moral una noche en la que empezaron a tontear con unos chicos y me hicieron el vacío, no me presentaron a nadie y no me hablaron, fue la ultima vez que las consideré amigas y por supuesto que salí con ellas.

Nunca me afectado lo de quedarme en casa si no hay ningún plan mejor, salgo para divertirme, no por no quedarme en casa, el sofá es bueno, y cómodo, no problemo.

Luego llegué a la universidad, y aquello me encantó, a mí y a mis amigos, con los que llevo los últimos 12 años o más, no tengo muchos amigos, pero tengo los mejores, no quiero otros, me gusta poder estar mucho tiempo sin verlos y simplemente mandar un mail para reunirlos a todos si bajo a mi ciudad natal, me gusta escribir un mail con un problema a mi mejor amiga y que me responda en el acto aunque llevo dos meses sin verla, me gusta como ha terminado todo, y me encanta ver a mis antiguas amiguitas, con chapa y pintura en los bares de treintañeros intentando pescar lo que sea, cuando tu aspiración en la vida es ser mujer y madre, no vale solo con tu esfuerzo, necesitas a alguien más.

A ParejaEstable le pasa lo mismo, llevamos como cuatro meses sin ver a sus colegas, llamó el viernes a uno, y obviamente tenían planes, pero el domingo nos hicieron un hueco y estuvimos toda la tarde en casa hablando y cenando y tal.

Es cierto que ya no salgo de borrachera, y que a la una me entra un sueño muy grande, que me gusta la fiesta, pero prefiero pagar una copa en un bar que ir a un botellón, donde no me puedo sentar más que en el suelo y si no quiero eso me matan los zapatos.

De este punto para atrás, lo llamaré, “cuando era joven”, o cuando no tenía un sueldín.
De aquí para adelante, lo llamaré “ahora que soy mayor”, porque aunque la treintena no es una cifra para decir que ya somos viejos, es lo suficiente grande para esperar y permitirte ciertas comodidades.

Como no llorar porque tu madre no te compra esos maravillosos pantalones del escaparate…

No puedo ver más a mis amigos, vivo en una ciudad diferente, no siempre que voy tengo fuerzas para verlos, si la semana ha sido especialmente dura, pero me encanta tenerlos a un clic, al fin y al cabo, también yo necesito amigos.

Saludos,
YoMisma

2 comentarios:

Incertidumbre dijo...

Todos necesitamos amigos. Algunas personas son más abiertas y tienen multitud de conocidos, con lo que siempre tienen algo que hacer. Yo me quedo, como tú muchas tardes tranquila en casa, y mi teléfono no suena a menudo, pero sé que la gente con la que puedo contar, sigue ahí, que, al final, es lo que importa.
Que te aprecien como eres, sin tener que seguir corrientes para poder integrarte(aunque creo que todos lo hemos hecho alguna vez...)

Saludos!

Laia... dijo...

Al final, lo importante, no es la gente dispuesta a salir de fiesta una noche contigo, si no la dispuesta a conducir una noche para abrazarte y secarte las lagrimas, la dispuesta a pasarsela contigo llorando en un sofá.