Últimamente ando un poco mosqueadilla con esto del la Red de Redes.
Internet se divide en dos partes:
- Las páginas que regalan cosas.
- Y las que te cobran por cosas.
En las primeras, siempre habrá opiniones positivas, de gente que desde que encontraron tal o pascual son diferentes totalmente a como las habíamos conocido.
En las segundas, el ciudadano de a pie, se pone el traje de crítico culinario o de experto en hoteles, y sangra sin ningún pudor el servicio que le dieron en aquel restaurante tan rimbombante, en el que a todas luces desde el principio se veía que te iban a sacar los ojos, por un platito de manjar del mismo tamaño que tus propios ojos. O critican de desorden y suciedad, la típica tasca de barrio en la que señores con un palito en la boca miran el futbol sin articular palabra.
Me sentó especialmente mal las críticas con saña en un hotel en el que me hospedé estas vacaciones (céntrico, limpio, buen precio y con desayuno buffet de todo lo que pudieras comer) y de cómo la gente espera alojarse en el mejor hotel del mundo pero que les salga más barato que quedarse en su casa.
Hay que ir con un filtro cuando te paseas por ahí, porque hay páginas destinadas al despelleje y otras a las alabanzas, sé que esta no es la mejor plataforma para expresarlo, porque todos los bloggers sabemos que un blog es una especie de altar autoconstruido donde esperamos las alabanzas y las muestras de apoyo de nuestros iguales, donde se nos da la razón y a donde vamos a darla, la mayor parte de las veces, y donde regalamos comentarios, para recibir el regalo de otros comentarios.
Pero molesta que para incrementar el autopeloteo, las marcas les dé por hacerse perfiles en todas las redes sociales del mundo y regalen cosas si dices en tu perfil que te “encantisela” esto o lo otro, y por la chorrada absoluta de tener la posibilidad de participar en un sorteo, le hagas publicidad, y ya nadie crea en nadie porque al fin y al cabo todos estamos pagados y entonces… para qué hacer caso?
Y digo yo… ¿cuándo nos volvimos todos perritos solícitos esperando las caricias de nuestros amos, justo en el único sitio donde podríamos ser sinceros absolutamente porque no nos conoce nadie?
Saludines,
YoMisma