Sobre la independencia (o como salir de casa de los papás y seguir pareciendo saludable)

Esto de hacerse “mayor” es uno de los incordios mayores que he tenido el gusto de padecer, es más empiezo a tener la teoría de que no nos hacemos mayores, simplemente sobrevivimos, me parece una labor titánica lo que hizo mi madre, ella a mi edad se mantenía a ella, a mi padre y a mi hermana y a mí ¡Cuatro personas a su cargo! Cuatro personas sobre las que tenía que decidir en temas de ropa, comida e higiene (bueno, mi padre se lavaba solo)

La cosa es cómo le daba tiempo a todo, cómo sabía lo que tenía que hacer y un montón más de preguntas. A mi me cuesta mantenerme a mi sola, lo de la ropa se me da genial, voy a la tienda y compro, en eso no tengo ningún tipo de problema, el problema viene cuando la tengo que lavar, mi proyecto futuro es tener tantas pelas que directamente pase al siguiente modelito sin pensar en lavarla, pero por ahora me toca apechugar, pues eso, cuándo la lavo, cuándo la tiendo, cuando la recojo de la cuerda, con qué ropa puedo lavar qué ropa, qué suavizante deja la ropa más suave, quien gasta mi suavizante, que parece agua de lo rápido que sale del armario, cuanta ropa cabe en una lavadora, es bueno o no que no se cierre la puerta a no ser que hagas presión ayudándote con la pared, cuál es exactamente el programa que tengo que utilizar para lavar cada tipo de ropa, cuanto cuesta poner letras en la ropa en vez de esos símbolos que parecen jeroglíficos, cuántos son los lavados para que una prenda deje de desteñir, es cierto que algunas prendas dejan de desteñir en ese número…

¿Y la comida? Comer todos comemos, es lo que tiene, te encuentras con hambre vayas al bar de abajo y que te hagan un bocata, le das seis euros al camarero y tan felices, el problema es cuando te empachas de la grasilla que lleva todo lo que se cocina en ese bar, y recuerdas vagamente que es bueno comer verduras, pero… ¿qué verduras, cuántas verduras, verduras de lata o de las de verdad? Las de verdad son demasiado complicadas, porque tienen la fea costumbre de dedicarse a echarse a perder como no te las comas en quince días, que digo yo… Como voy a hacer la compra solo pensando en los próximos quince días. En estos nueve meses, que llevo viviendo sola, lo único que he comprado fresco han sido cinco melocotones, a uno le salieron unas melenas azules preciosas, cuatro cebollas, de las cuales tiré dos cuando empezaron a oler mal, y cuatro chuletas de no me acuerdo qué, que solo tarde en comerme cuatro meses (las congelé… nada de asustarse) todo lo demás son pizzas, atún, ensaladitas a solo falta de aliño, ¡ah! Una vez compré yogures, uno de ellos ya es como de la casa, mi relación más larga desde que estoy en Madrid, vamos que ya me da cosa y todo comérmelo… Cuantas cosas no sabrá ese yogurt…

Una dieta saludable, cuando tenga dinero haré que un señor se encargue de eso también, porque seguro que no es bueno no haber comido una legumbre en todo este tiempo, pero ponte y hazte un potaje o unas lentejas o un cocido… Ni me veo con ganas ni con apetito ¡pues no habrá que fregar cacharros una vez que termines!

Y luego está la limpieza, cuándo un inodoro es insalubre, cada cuánto tiempo se cambia el agua de la fregona, es necesario limpiar todas las semanas, las sábanas se cambian cuando se mancha o cuando parece que ya te has acostumbrado al color, para qué limpiar los cristales si seguramente va a llover, cómo es posible que a la ducha le salga moho… a la de mi madre nunca le pasó eso.

Tengo más dudas que respuestas, hay algunas que las estoy resolviendo mediante experimentación, por lo cual tengo una tabla de “amistades” que viene a ser qué camisetas, pantalones y demás tienen percances o no los tienen con los demás pantalones y camisetas, este método tiene sus fallos porque estoy experimentando bajas, pero el que lo supera y no riña con nadie de la colada siempre conservará su color original y estará limpio

Para la comida ha sido más fácil, después de números experimentos la conclusión se ha presentado sola, entre lo que se me pone malo, los pequeños incendios ocasionados por despistes, la cantidad de detergentes para limpiar los daños, me viene mejor ir a comer fuera, así que solo tengo que pedir lentejas que es mucho, mucho más fácil.

Y para la limpieza he conseguido el método infalible para que todo se mantenga limpio ¡hojas de periódico! ¡Si! Es un hallazgo cuando se manchan o se rompen meto las hojas en una bolsa y pongo más, el periódico es la solución, en el cuarto, en la cocina, en el baño, en el inodoro (este lo cambio en cada uso) y para el único sitio que no puedo meterlo, la bañera, he encontrado la solución para el moho, cuando me ducho pongo el tapón y le añado un poco de friégaselos, que hace que se queda superlimpia y además me ayuda a mantener suavita la planta de los pies.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bueno, Paula. Me has amenizao el tramo final del día.

Luego sigo con el de los bancos.

Luis

Anónimo dijo...

¿por qué se ve tan mal el comentario? está tapao

Paula dijo...

eigh?¿?¿?