¡La gran aventura de comenzar un nuevo día, todito, todito sin estrenar!

Te levantas por la mañana, vamos, no te levantas, aún estas en proceso, la primera acción del día es mirar a ese aparato malévolo llamado despertador con cara de asco, la segunda acción volverse a tirar en la cama y en ese momento emitimos un sonoro suspiro (ainnnssss) luego viene la primera frase consciente que pensamos todas las mañanas “Debería haberme acostado antes” Seguida de la irremediable segunda frase “No quiero ir al trabajo” Seguida de la tercera “Vale, solo cinco minutos más y me levanto”.

Y en vez de quedarte dormido cinco minutos te quedas media hora, en el mejor de los casos por supuesto, cuando vuelves a abrir el ojo no te lo puedes creer, solo queda media hora para que en teoría estés en tu puesto de trabajo… Vamos, que ya decides que irremediablemente vas a llegar tarde, por lo tanto, para que preocuparse… Al menos te lo tomarás con calma, te quedas en la cama con los ojos abiertos, esta vez si que no te vas a dormir, intentando que se te pase el susto por haberte dormido, jo, si que vas a llegar tarde, sí, bueno ¡Arriba! ¡Vamos a la ducha! pero justo cuando vas a salir del cuarto… ¡Zas! tu compañera de piso cierra la puerta del baño… Es lo que tiene levantarse media hora más tarde que todos los días, que la vida de los demás va como siempre, pero la tuya tropieza con la de ellos… Y ahora… ¿Qué haces? ¿Te vuelves a la cama hasta que salga? Algo te dice que como hagas eso al final te ves llegando al curro a la hora de la comida, o peor aún llamando diciendo que tas puesto malo, porque ya te da vergüenza pasar por la oficina… El problema es que esa excusa empieza a ser sospechosa… a la par que incómoda, porque terminas gastando la tarde en enterarte de cuales son los síntomas de la nueva enfermedad que te has inventado, para luego soltársela a tu jefe con mucha, mucha carita de pena.

No, vas a hacer un esfuerzo, mientras que sale de la ducha te preparas el desayuno y así no pierdes el tiempo. Te vas para la cocina, friegas una taza, pones la leche, la metes en el microondas, te apoyas con el codo encima del electrodoméstico… Das una cabezada, mierda, se te escurre la cabeza, es que es incómodo, lo intentas con más cuidado… a ver… ya está…. Mmmm…. ¡Ding! Ostras que susto, vas a coger la taza… ¡Ostras, ostras, quema! ¡Ufff, ufff! ¿Pero cuanto tiempo le has puesto? Buscas un trapo… La sacas de allí, le pones el café y el azúcar…. Y la dejas allí sola, abandonada a su suerte, no hay quien tenga valor de tomarse eso ahora, a ver si para cuando salgas de la ducha está bebible… vuelves a la habitación, te sientas en la cama… ¿Y que me pongo yo de ropa? Ufff!! Cuarta frase de la mañana: “A ver cuando pongo una lavadora” Intentas hacer memoria desde la cama de qué camisetas estarán limpias… Ni idea… Es posible que ni siquiera te queden… te levantas de mala gana de la cama, a ver… Miras el reloj… veinte minutos para entrar a trabajar… joder… ¿Naranja con verde? No… ¿Verde y amarillo? Como los plátanos… ¿mmmm? Pues eso mismo, coges los vaqueros, calcetines, ropa intima, la hueles, está limpia, lo dejas en la cama… Te asomas al pasillo, vale, tu compañera sigue en el baño, hoy tocará limpieza a fondo o algo… Vuelves a sentarte en la cama… Se te cierran los ojos… quince minutos para entrar en el trabajo… Se apaga la caldera… Justo ahora que estabas volviendo a coger el sueño… Coges la ropa y te diriges al baño…. “Bunooosss… Digas…” “Bunozz Diaaaasss”. Y ahora es cuando viene el truco, para que no se te pase media hora en la ducha tengo mi propio truco, y consiste en mirar constantemente el reloj, es que de otra forma pierdo la consciencia espacio-tiempo y me puedo quedar allí para siempre… Champú… ¡tururú! Agüita para los ojos, dos minutos, aclaro… La mascarilla para las puntas… tres minutos… ¡tururú! Hago la espumita y termino de ducharme… Me aclaro… cinco minutos más… miro el reloj, cinco minutos para entrar en el trabajo, pero con el descuento, siempre llevo el reloj adelantado cinco minutos, aún faltan diez y el hecho de llegar diez minutos tarde al trabajo tampoco es horrible… Así que… veinte minutos para tener que estar en el trabajo… Me visto… Me voy para el cuarto, pasando a ver que tal va el café… ¡Mierda! Ha hecho natilla… ¡arg! Que asco… Te sientas en la cama… Me queda secarme el pelo y maquillarme… Bueno… no va mal del todo la cosa… ¡Ánimo Paula, Tú puedes! Voy para la cocina… evacuo a la nata y me tomo de un trago la leche ya no quema tanto como para tener lesiones, y es obvio que necesito llevar algo en las tripitas antes de salir de casa… Mierda, también me faltan los dientes, no llego no llego…

Me seco el pelo en dos minutos “Gracias señor porque no es invierno” Me doy dos brochazos y me lavo los dientes, solo quedan cinco minutos para llegar al curro a una hora decente… Bueno, pos llegaré y punto que tampoco está mal… Luego recupero por la tarde…

¡Y salgo de casa!

El problema de salir de casa con la hora tan “justa” es que implica correr, o andar muy, muy deprisa, en mi caso, así que al final llego media hora tarde al curro, a parte de los diez minutos de cortesía, y con las pintas de haber estado haciendo un maratón por el camino. Quinta frase de la mañana “Para esto no me ducho”, intento peinarme en el ascensor… Lo bueno de llegar a esas horas es que te puedes peinar con toda la tranquilidad del mundo, porque la gente lo que hace a esas horas es bajar a tomar un café… no empezar la jornada laboral.

¡Y por fin llegas al curro! “Buenos días” “buenos días”

Muy bien… pues… No sé… A ver quien está conectado ¿No?

1 comentarios:

Beatriz dijo...

Un post muy divertido, aunque bastante extresante! Es la primera vez que entro en tu blog y le estaba echando un vistazo, es bastante entretenido. Te dejo aquí el enlace de mi blog por si quieres hacer una visita, saludos!

http://www.eraseunavezmiblog.blogspot.com/