Mi hipopótamo interior

Al final, todos llegamos a donde estamos destinados a llegar, yo aún estoy en proceso.

No es algo que haya descubierto así de repente, después de comprar un tres por dos en ensaimadas y pastelitos, pero he tenido que repetirlo bastantes veces en los últimos días, así que os lo cuento a vosotros también.

Todos los miembros de mi familia que ahora me sacan veinte años tuvieron esta juventud, la que yo tengo ahora, todos ellos llevaban unos trapitos chiquitajos para cubrir sus cuerpos, y de esos trapejos que quedan por los armarios de mis abuelos, no me cabe nada, y estoy comparando las mismas edades, lo juro, incluso recuerdo haber intentado entrar hace algunos años atrás, y no hay forma.

Ahora estoy en la fase de “pero si estás muy bien, no tienes porque privarte de comer lo que quieras” ¡juajuas!, pienso yo, no sé si es algo genético o es amor a la comida, cosa que se venera en casa sobre todas las cosas, pero sea como sea, tenemos nuestros años fantásticos y luego pillamos… creo que son una media de treinta kilos sobre los kilos de la juventud.

Y lo peor es que se han unido en mi, dos estirpes de engullidores voraces, y dos razas, que en vez de complementarse en la delgadez, se apoyan en coger volumen, hasta cotas inesperadas.

Pero vamos, lejos de llorar por las esquinas y de tomar pastillas para evitar el paso de la naturaleza por mi, simplemente me considero uno de ellos, y mi máxima no es cuánto vivir, si no cuánto de feliz vas a vivir, y ellos lo son, hacemos comidas enormes para todos los miembros de la familia, las ensaladas ya las servimos directamente en barreños de plástico y una comida de domingo no es nada, si alguien no trae pastel o flan, o pudín… lo que sea, pero dulce, si hace mucho calor puede que sea helado lo que toque.

Tenemos un diálogo base que consiste en:
Interlocutor 1: Ya no como más que no puedo respirar.
Interlocutor 2: De acuerdo, ¿quieres café?
I1: Si, con leche y un cubito de hielo.
I2: Tenemos tarta de nata, ¿quieres?
I1: uff, vale, pero pequeño, que no puedo más…
I2: ¿Así?
I1: Jo, que ni la voy a probar, ponme otro poco más.
I2: ¿Así?
I1: Otro poquito…
I2: ¿Así?
I1: Bueno, vale, si eso ahora repito.

Los hipopótamos es lo que tenemos, somos felices rumiandillo todo el día, y al que no le guste…

Saludos,
YoMisma.

8 comentarios:

Capitán Clostridium dijo...

A mí me pasó anoche eso en el restaurante Chino. Lo bueno es que luego iré a castigarme al gimnasio. Pierdo un kilo a la semana, últimamente, y no me privo de mis dos helados diarios. ¡¡Viva la comida!!
Ya escribiré la continuación de mis Gym.

YoMisma dijo...

Lo del gimnasio es fuerza de voluntad a raudales, cosa de la que también carezco, me compré un perrillo, y como lo tengo que sacar todos los días, con eso hago el cupo de ejercicio...

Es trampa, lo sé... :)

Saluditos,
YoMisma

Wenanena dijo...

Cómo me suena lo que pasa en tu casa... en la mía igual, no comemos, engullimos literalmente. Que cosas... Un saludo.

Panpoxi dijo...

Jejeje, me ha encantado eso de 'si eso, ahora repito'.

Que vivan los hipopótamos!

Gamar dijo...

¡Oigan, que hay hambre en el mundo!
No acaparen tanto.

Astarté dijo...

Al menos el tuyo es interior... XDD

Raquel dijo...

Jejeje. Veo que lo de las familias se repite. En la mía igual. Si no nos ponemos hasta arriba de comida parece que no nos hemos visto.
Un saludo.

Equipo biofrutas dijo...

saludos yomisma, la expedición frutera ha llegado hasta aquí a través del barbiblog. Nos gusta la perra idea de cambiar gym por perro y, en general, tu blog.
Recibe, con cariño, un biolink.